lunes, 28 de marzo de 2016

Filosofía aquí y ahora.

El video invita al planteamiento  y a  la profundización de preguntas fundamentales ya que estas remiten a las cuestiones esenciales de la realidad humana, y por tanto su importancia no puede ser menospreciada, en la primera mitad del siglo pasado ya el filósofo Alemán Martin Heidegger se preguntaba por qué hay algo y no más bien nada, se preguntaba por el “ser” metafísico, por la totalidad y, es por este mismo proceso que experimenta la angustia de su propia finitud dentro de una infinidad de posibilidades. Según Kierkegaard el hombre se angustia ante la nada que se le muestra pero también ante la posibilidad de la libertad; ante la angustiosa posibilidad de “poder”. En el espíritu del hombre se da, así, una ambigüedad de la que no se puede librar: no puede huir de la angustia que ama ni amar la angustia de la que huye. La angustia es ambigua justamente porque no es acerca de algo en concreto, sino que el hombre se angustia de nada[1].  Por otro lado, Heidegger explica que la angustia es un estado de caída del Dasein[2] (ser-ahora), un estado de cerrado que no es algo negativo, sino todo lo contrario: es su modo inmediato de ser, en el que él se mueve ordinariamente, es un momento necesario en el que la angustia le hará patente su estar vuelto hacia el más propio poder ser, le revela su libertad para escogerse y tomarse a sí mismo entre manos. La angustia originaria reprimida en el Dasein está adormecida en la cotidianidad y puede despertar en cualquier momento, sin necesidad de un acontecimiento extraordinario o de algún artilugio humano que le traslade a ella. El Dasein no se puede angustiar por decisión o voluntad propias. Lo único que se puede afirmar con seguridad es que primero es necesario que el Dasein se pierda en lo “ente” en su totalidad para luego poder abandonarse a la “nada” y liberarse de su cotidiana y habitual evasión. Así es como emergerá de lo oculto la pregunta por el sentido del ser[3]. El hombre al saberse finito, destructivo, mortal, se pregunta por la infinitud y su participación en ella, es entonces cuando piensa, cuando duda de que puede haber algo más, se permite a sí mismo interactuar dentro de su categoría de libertad intelectual, y se apertura a la posibilidad de reconocer la existencia de otras posibilidades que no son necesariamente las que se ven como generales a través de sus propios ojos. Es decir, al preguntar también se pregunta, se da el pensamiento autónomo.  Como bien dice Feinmann al llegar al pensamiento autónomo el hombre entiende que a partir de ese momento está solo. El hombre se da cuenta que el mundo como él lo conoce existe para sí mismo y empieza a dejar de ser pensado por el sistema en el que vive.
Parte de este modo de entender el pensamiento autónomo es reconocer la importancia de  principios puros ya que, en estos tiempos en los que el hombre está más integrado que nunca y al mismo tiempo se encuentra mayormente diluido en la colectividad, necesita cuestionarse para poder “ser pensado” por él mismo, y que, es de esta forma que interpreta el mundo, en donde encuentra su pertenencia, “donde es”.

El ser conscientes de sí mismo y de su entorno es una capacidad propia del ser humano[i] ya que no solo sabe sino que “se da cuenta” y por si fuera poco, el ser humano es capaz de autoconocerse a través de ese “darse cuenta” y de esta forma constituir cultura y civilización y por tanto, cuestionar su propia existencia y la de las estructuras construidas. Por tanto, el hecho de poner sobre el tapete el problema del sentido de la vida no debe interpretarse nunca, en modo alguno, como síntoma o expresión de algo enfermizo, patológico o anormal en el hombre; lejos de ello es la verdadera expresión del ser humano de por sí, de lo que hay de más humano en el hombre[ii].

Husserl añade que la conciencia deja de ser esa especie de receptáculo que espera ser afectada por los objetos. Esto quiere decir, que la conciencia cobra un dinamismo que la lleva a constituir el mismo mundo[iii]. Con el planeamiento de la intencionalidad, Husserl incluye el mundo en la conciencia (inclusión que no es real sino intencional); esto significa que no existe una realidad del mundo y otra de la conciencia o sujeto que conoce, sino que existe una correlación entre mundo y conciencia de mundo, pues el objeto como fenómeno aparece como referencia directa a la conciencia y ésta a su vez en la vivencia del fenómeno mundo, lo hace consciente.

Esta idea de pensamiento autónomo esboza un contenido paradójico que implica el “saber”. El hombre sabe que conoce pero no conoce lo que sabe. Es decir, el hombre es capaz de verse a sí mismo como finito, entiende ese concepto, sabe que va a morir pero no conoce el cómo. Puede conocer formas de morir pero no sabe cuál le corresponderá vivir. En la actualidad las redes sociales parecieran ser fundamentales en las relaciones directas de las personas, y al mismo tiempo son la disolución progresiva de las formas orgánicas de la convivencia humana.  
Con todo esto podría establecerse en conexión directa con el existencialismo ya que como  ha dicho Jean P. Sartre: El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo[iv].

Es decir, el hombre se revela a sí mismo y se rebela contra quien no forma parte de su proceso de evolución y crecimiento ya que entiende que es un ser que debe ser vivido y no pensado, puesto que es finito y no eterno.

Este precisamente es el problema de la filosofía, es vista como una “teoría” a aprender, sin que el hombre se plantee a sí mismo su participación ni su valoración desde la experiencia, es decir se convierte en un montón de libros para leer, pero que tampoco se le facilita el método de cómo lograrlo, esto no fuera necesario si la sociedad misma no se fundamentara en la novedad de estar actualizado, en este punto la persona ya “cree” que sabe pero que en realidad continúa colonizado. El problema filosófico se extiende por tanto, al campo de “las cosas” puesto que el hombre, con su fijación puesta en la materia, tiene como destino encontrar el aburrimiento, puesto que la “cosa” solo produce una gratificación fugaz.  El problema de estudiar “la cosa” es que se le atribuyen conceptos que no posee, ontológicamente hablando, las cosas materiales no pueden tener sustancia, no tienen autodeterminación, no cambian por ellas mismas y por tanto han sido pensadas por alguien más, podemos decir que no poseen si no que son reproducciones de una idea. Al enfocarse en esta visión, de ser consumista pero no valuador, el hombre ya no se pregunta en dónde está el valor de lo que le rodea, no ve para adentro, y desarrolla en otros ámbitos esta visión utilitarista, incluso en la autopercepción y por tanto su autovaloración. El asunto principal en este problema es la codificación lingüística que la persona posea puesto que esto la configura y condiciona ya que si bien puede ser elegida por sus propias experiencias, también puede tener su origen en las experiencias de otros.   Podemos entonces decir que el problema que enfrenta la filosofía es que muchas personas la entienden como un pensamiento prestado y no como un conocimiento consciente que debe desarrollarse en la calle.



[1] KIERKEGAARD, Sören. El concepto de angustia. Buenos Aires, Ed. Espasa Calpe, 1940 Cap. I, apartado 4.
[2] HEIDEGGER, Martin. Ser y tiempo. Santiago de Chile, Ed. Universitaria, 1998, pg 212
[3] HEIDEGGER, Martin. Ser y tiempo. Santiago de Chile, Ed. Universitaria, 1998, pg 209.


[i] Logoterapia dentro y fuera del campo de concentración, LAG, colección sentido, México, Pg. 247.
[ii] Frankl, V. Psicoanálisis y existencialismo: De la psicoterapia a la logoterapia. FCE, México, Pg. 60.
[iii] Husserl, E. Investigaciones lógicas. Alianza, Madrid.1985, p. 491
[iv] Sartre Jean Paul. El existencialismo es humanismo. Pg. 4.

Siempre es importante recordar que somos seres humanos, de origen humano, de esencia humana, colectiva pero individual, irrepetible e incomparable. Yo, cuando hablo, siempre lo hago de cosas sin mayor importancia, siempre de cosas sin sentido, sin sentido, sin sentido. Solo hablo, como parte de la interacción humana, siempre tengo opinión para  todo, siempre tengo algo que decir. Siempre. Esté en lo correcto o no. Hablando de la familia, por ejemplo, al ser una estructura conformada por seres humanos  que interaccionan bajo los parámetros sociales de determinados roles, que tanto los medios de comunicación, como el gobierno, la iglesia, la ONU orden colectivo se siente con la necesidad y derechos para definir, regular, y catalogar. En lo personal me parece que muchas de esas “participaciones” y análisis son puramente superficiales e innecesarios. Porque resulta que no vienen de boca de ningún experto en  el tema, y es por un simple motivo: no existen tales expertos. Cada familia como grupo de  interacción es única y perfecta, claro, hay que recordar que muchas veces son los mismos individuos los que no saben como interactuar, pero esto no sucede solo en el ámbito familiar sino que su disfuncionalidad se da en todas sus relaciones sociales, en el nivel que sea. Cuando hablamos de una familia disfuncional, por ejemplo, estamos diciendo que sus miembros son disfuncionales, entre sí y con ellos mismos, no solo en sus interacciones familiares, es decir, para que la familia sea disfuncional, sus miembros tienen  necesariamente que “disfuncionar” en otros aspectos de su vida. Ya que la disfuncionalidad forma parte de ellos y no de la familia “per se”. Los roles o papeles que las personas juegan dentro de la familia, ahora tienen límites menos rígidos que antes, y es por ello que definir a la familia resulta siendo tan complejo, ya que la  mayoría de las veces se quiere introducir a la familia dentro de un molde rígido en dónde sus integrantes deben de “cumplir” con determinados requisitos. Luego nos dan miles de datos, estadísticas, podamos “definir” a la familia, y en realidad lo único que este proceso nos enseña es a comparar una estructura formada por seres humanos, que se desarrolla a cada momento y y cualquier otra agrupación de definiciones, principios, niveles, estándares, etc.

La familia evoluciona, al mismo tiempo que evolucionan sus integrantes, es también un ser vivo, que nace, crece, se reproduce, y muere. Ya que sin sus integrantes no es capaz de subsistir por si misma y entonces desaparece o muere, o bien que como cualquier célula, logra con la ayuda de su propia “mitosis” su multiplicación, y evoluciona de la manera en que necesita para lograr su propio desarrollo. Al igual que la fecundación, en la familia se une un miembro masculino y uno femenino para crear un nuevo organismo. Que a su vez, y con el paso del tiempo, este organismo creará otra nueva familia, con la ayuda de algún miembro de otra familia. Justo como sucede en el cuerpo humano, el cuerpo genera nuevas células, con nuevas funciones, para crear nuevos órganos y poder realizar nuevos procesos. Y lograr adaptarse al ambiente. Unas nacen y otras mueren. Unas apenas empiezan a formarse y otras ya van entrando a la vejez. Lo que es un poco complicado de reconocer, es que así como en las personas hay distintos accidentes, que se conocen como genética, dentro de la familia también se dan ciertas modificaciones o mutaciones que hacen posible que existan otras características que, sin modificar su esencia, hacen posible la existencia de una familia, que no es que sea un concepto ambiguo, sino que accidentalmente es distinta, pero comparte la esencia primera, es por ello que muchos se atreven a opinar en cuanto a la institución de la familia, pero lo único que pueden compartir es lo que han vivido, o experimentado, en lo personal considero que al hablar de familia solo puedo hablar de mis vivencias, porque de otro modo, estaría hablando únicamente de sus accidentes, por ejemplo: la familia, al igual que otras instituciones sociales puede ayudar a sus miembros a sanar o a enfermar, si y no. Son precisamente las  relaciones humanas las que nos pueden  sanar o enfermar. Pero ese proceso solo pasa internamente, dentro del ser vivo. De este mismo modo, la familia como institución social, interactua con otras instituciones sociales,
que pueden enfermarla o sanarla. Con sus propios integrantes es capaz de generar los anticuerpos que necesita para sanar, siempre y cuando estos estén provistos de las herramientas necesarias y que a su vez sus necesidades básicas estén siendo suplidas para que pueda trabajar de la manera que le corresponde. El sentido de la familia es la familia en sí. No tiene otra razón de ser mas que el hecho de ser. Ser familia. Con accidentes distintos, pero con la esencia que le corresponde. Yo por más que aprenda a ladrar no me puedo convertir en un perro. La palabra “familia” constituye un sustantivo, y por tanto cualquier adjetivo que le coloque lo que hace es modificar esa “esencia” primera. Por ejemplo, al hablar de familia puedo hablar de familia nuclear, o familia extendida, es como decir, persona de pelo negro, persona de pelo blanco. Esos accidentes tienen una explicación. Son una característica, no constituyen la esencia. Es por eso que creo que el aunque los padres se divorcien, o mueran, la esencia de la familia subsiste más allá de sus  miembros, más allá de sus aciertos o desaciertos. Al igual que a una persona que no la podemos catalogar o definir basados en sus éxitos o fracasos. No existen categorías dentro de la familia, solo accidentes distintos. Un hijo adoptado por ejemplo, es un hijo, no hay otra explicación, el adjetivo solo hace referencia a la llegada de ese nuevo miembro a la familia, pero no cambia en nada su importancia dentro de la interacción familiar. Esto se logra solo reconociendo que el concepto de familia tiene pinceladas de carácter espiritual y de trascendencia, que van más allá de lo que el lenguaje nos permite, más allá de lo que nuestra dopamina y serotonina nos quieren hacer catalogar. Por tanto no se puede hablar de familia “sana” o “enferma”, sino que debemos procurar reconocer la existencia de una
situación que permite o no, que sus miembros se desarrollen y crezcan como a cada uno le corresponde, y no con roles y cadenas que obligan a las personas a “cumplir” sus “obligaciones y en base a ese cumplimiento constituir su calidad de vida. La familia es familia mientras es, no mientras hace. La pregunta es ¿qué es “la familia”?